mayo 28, 2022

Una pintura de Jean-Pierre Duprey

Jean-Pierre Duprey, Le possible du cristal, c. 1952

El próximo mes se subasta en París este óleo de Jean-Pierre Duprey, quien es más conocido como escritor y como escultor. Curiosamente, se da de él como desconocidos el título y la fecha, cuando al reproducirlo Édouard Jaguer en su catálogo Le mouvement Phases de 1952 à l'horizon 2001 lo databa y titulaba tal cual ponemos aquí.

Por increíble que parezca, no existe ni una sola publicación que se ocupe de la obra artística de Jean-Pierre Duprey (y un catálogo de 2007 sobre las esculturas ha desaparecido de todos los mapas). Si hubiera sido "persona menstruante", ya tendría infinidad de catálogos con raudales de discursos parasitarios, lo cual es sin duda una mierda en el otro extremo. Yo me contentaría con una monografía que aborde honestamente y reúna todas las cosas que hizo uno de los surrealistas más grandes de la mitad del siglo XX.

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Toyen, dibujo de la cubierta de La forêt sactrilège, 1970

Jean-Pierre Duprey (1930-1959). Un día de 1948, Jean-Pierre Duprey le deja a Breton el manuscrito de Derrière son double en la galería de La Dragonne, produciendo en él un entusiasmo instantáneo, hasta el punto de que, a los pocos meses, un fragmento aparece en la primera página del n. 5 de Néon. 1948 y 1949 son dos años de fiebre poética para el joven Duprey, que ve su libro publicado en 1950, con frontispicio de Jacques Hérold. Sale en las ediciones Le Soleil Noir, donde se publicarán hasta 1970 un total de cuatro libros suyos, con ilustraciones, además, de Max Ernst, Toyen y Matta. También en 1950, Breton cierra con un texto de Duprey la edición definitiva de su Anthologie de l’humour noir, y en el Almanach surréaliste du demi-siècle se incluye “Spectreuses II”, ilustrado por Max Ernst. Aunque algo ausente del grupo, no deja de firmar algunos tracts.

En 1951, Duprey cesa de escribir, dedicándose a la escultura del hierro (que expondrá en À l’Étoile Scellée), a los relieves, al dibujo, a la pintura. En 1954 se aleja del grupo, encerrándose en su forja, como un nuevo alquimista. Desde el 55 colabora con Phases, y en el 56 expone diecisiete esculturas, con texto de Édouard Jaguer en el catálogo. A principios de 1959 vuelve a la poesía, pero un día de primavera se dirige a la llama del Soldado Desconocido, ubicada en el Arco del Triunfo, y la apaga con sus orines. En vez de firmar manifiestos o manifestarse en las calles, tan solo ese acto no anunciado a nadie. Escribe Alain Jouffroy: “Este gesto se distingue en blanco sobre negro de todos los «escándalos» organizados por los movimientos de vanguardia: ni fotógrafo, ni periodista, ni manifiesto, sino la coincidencia extrema del pensamiento y el comportamiento, nada más”. Y Jean-Christophe Bailly: “Su acción fue realizada solitariamente y con todo conocimiento de los riesgos corridos. Jean-Pierre Duprey no se había nunca expresado políticamente –su firma en varios tracts surrealistas no basta para testimoniar tal preocupación–, pero cometió en el santuario de la patria el acto más escandaloso, profanando uno de los más ridículos y de los más hipócritas monumentos del orden establecido. Su gesto, en plena guerra de Argelia, se muestra como el más desesperado y el más salvaje que un individuo puede llevar a cabo. Lejos de las teorías, de las organizaciones, de los sistemas en que la subversión tiende a enfangarse, se inscribe como la desnudez misma de la revuelta: incapaz sin duda de cambiar nada en el momento, pero dibujando el rostro del desafío que un individuo puede lanzar a la sociedad que lo oprime.” Denunciado por dos testigos, Duprey es detenido, brutalizado y encarcelado, pasando luego al hospital psiquiátrico de Sainte-Anne, donde estuvo 23 días. Al salir escribe los poemas de “La fin et la manière”, que le envía con su mujer, Jacqueline Senard (ella misma una amiga del surrealismo, con muy lúcidos artículos en Le Libertaire), a André Breton, minutos antes de ahorcarse.

Poeta inmenso fue Jean-Pierre Duprey, que se consideraba “alérgico al planeta”. En la exposición “Éros”, el surrealismo lo homenajeaba con unos poemas incluidos en el catálogo, a fines del año en que Duprey se marchaba. A principios del siguiente, la revista Phases, en su n. 5-6, lo incluía en su “Antología permanente de la experiencia poética”, reproducía una bella carta dirigida a él por Jacques Lacomblez (con fecha de enero del 59) y publicaba un gran ensayo de Alain Jouffroy, “À Jean-Pierre Duprey, le Supérieur Inconnu”. En 1961, el n. 2 de La Brèche incluye un poema suyo, con un dibujo de su amiga Toyen, quien en 1970 ilustraría con seis dibujos La forêt sacrilège. En 1964, Jorge Camacho pintaba El cráneo de la noche. Homenaje a Jean-Pierre Duprey y La doble aparición de Monsieur H (el principal protagonista de Derrière son double), que serán los cuadros elegidos por Breton para acompañar al año siguiente su texto de Le surréalisme et la peinture “Brousse au-devant de Camacho”.

En el Dictionnaire général du surréalisme et de ses environs, Jean-Clarence Lambert ha hecho una buena semblanza de Duprey. Bailly se ha encargado de la monografía de la colección de poetas de Seguers; su estudio es excelente, llamándolo “el último de los grandes videntes”. En 1987, la revista surrealista Ojo de Aguijón homenajeaba su poesía que “se mueve con la pureza, la claridad y la fuerza de los elementos”, y en 1990 Gallimard publicaba todos sus escritos, con un gran texto de Jouffroy, tratándose de un libro clave y capital, como el de los escritos de Rodanski. Al año siguiente, en el n. 123-124 de Opus International (“André Breton y el surrealismo internacional”), un buen dossier sobre él incluyó artículos de Pierre Vandrepote, Serge Sautreau, Michel Bulteau y André Velter, más un dibujo de Jacques Hérold en recuerdo suyo, de 1971, y un retrato fotográfico hecho por Elisa Breton. En 1998, la revista de Rouen Les Carnets du Gueuloir le dedicó su n. 3, en 2001 Le Cherche-Midi dio a conocer poemas inéditos con el título de Un bruit de baiser ferme le monde y en 2007 se expuso en la galería Martel-Greiner de París su obra esculpida, con un amplio catálogo.

“Soy de aquellos cuyos ojos han partido hacia el horizonte”.

(Caleidoscopio surrealista)


Adrien Dax, surrealista

Después de haber escaneado el catálogo de Adrien Dax, descubro que sí está en la red, pero con otra dirección. Esto pasa por poner el carro delante de los bueyes.


Adrien Dax (1913-1979). Adrien Dax descubre la pintura surrealista a través de Le Surréalisme au service de la Révolution y hasta funda en Tolosa, en 1933, un efímero grupo surrealista, inaugurado con una exposición colectiva. Comprometido en la lucha antifascista, en 1940 es transferido a un stalag del norte de Alemania. Se acerca al grupo de París desde 1947, colaborando en todas sus actividades a partir del 49, cuando debuta en el n. 5 de Néon con un dibujo. No solo cultiva las artes plásticas, sino que relata sus sueños y escribe artículos teóricos, como, para empezar, en el Almanach surréaliste du demi-siècle, “Perspectiva automática”, texto extraordinario en que señala la coincidencia entre las creaciones automáticas y las formas de la naturaleza. Son años de gran creatividad, con sus azarosas “impresiones en relieve”, sus “carteles interpretados”, dibujos, objetos como El relicario. En 1951 y 1952 publica en Le Libertaire dos soberbios artículos, uno de ellos atacando las concesiones de los artistas (Matisse, Léger, Braque, Chagall, Dalí, Miró con sus tapices de lujosas poltronas... aunque la lista de nombres sería hoy interminable); en el 52, es uno de los surrealistas que responden a El hombre rebelde de Camus en la revista marsellesa La Rue. Ilustra libros de Cabanel, Mayoux y otros. Su presencia es notable en todas las revistas, hasta L’Archibras. Así, por ejemplo, en el n. 2 de la revista Médium vuelve los ojos a un oriente desorientador, y en el 4 se ocupa de la “Actualidad del arte celta”; en el 2 de Le Surréalisme, même, colabora con “En el gran bazar del Hotel de los Sueños”, relato de cuatro bellas aventuras oníricas (“El maestro de las apariencias”, “El narguile de Beardsley”, “El frontispicio esculpido” –donde refiere un encuentro con Péret– y “Visión de entresueño”); y en La Brèche, con sus “Caligrafías” (n. 1) y con un artículo sobre Fourier (n. 4). El 21-7-1958, Breton le dedica el callao interpretado El gran Triskèle. En 1960, comienza a participar en las actividades del grupo Phases. Tras la desbandada schusteriana, lo vemos en Coupure, afirmando en el n. 5 (1970) que “las vías definidas por el surrealismo guardan, para mí, un valor ejemplar”, si bien poco después, en la encuesta sobre el surrealismo de Gradiva, reconoce que ha aceptado abandonar el epíteto “para disipar todo equívoco” (en su respuesta a la encuesta de Vincent Bounoure “Rien ou quoi?” ya había intentado justificar esa posición, como señala Alain Joubert, “con un «buen sentido» un tanto masoquista”). Un admirable texto, “Lecture en blanc”, encontramos en la colección Maintenant, que animaron en los 70 Annie Le Brun y Radovan Ivsic, y Adrien Dax participa también en el juego de los “objetos de identidad”, como en 1953 lo había hecho en “Ouvrez-vous?”. Esta era sin duda mejor compañía que la del equipo Schuster, y además en 1976 –año en que celebró, en la galería surrealista La Marée de Bruselas, su única exposición– lo vemos a toda plana en el catálogo de la exposición mundial del grupo de Chicago “Marvelous freedom/Vigilance of desire”. La fidelidad al automatismo de este artista excepcional es toda una lección para los que se obstinan en señalar las supuestas limitaciones de una aventura creativa que se identifica con la aventura de la libertad. En 2010 se reunieron sus Écrits y en 2013, año de su centenario, se publicó en el n. XXXIII de Mélusine un buen trabajo sobre él, por Raphaël Neuville, quien también escribirá el texto del pequeño pero muy bello catálogo de su retrospectiva parisina de 2014.

(Caleidoscopio surrealista)


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Pero algún fruto tendría que tener mi trabajo: las ilustraciones a dos páginas del catálogo aparecen en el pdf divididas, y yo las presento a continuación completas. La primera es una obra sin título en que Adrien Dax trabajó en los años 70; la segunda es la foto del grupo en Saint Cirq-Lapopie, bien conocida; y la tercera carece de título y fecha. Mi ejemplar me lo envió como un "souvenir de París" mi amigo Guy Ducornet, quien compró el grafismo primero de la página 34.




mayo 27, 2022

Adrien Dax


El próximo mes se subasta en París este collage de Adrien Dax. Adrien Dax fue un indagador apasionado del automatismo. Sus carteles interpretados y sus impresiones en relieve solo son conocidos dispersamente. Las segundas son una variante de la litografía, con que hacía intervenir al azar, partiendo de objetos tirados a la basura. Este ejemplo revela al Dax  obsesionado por el mundo mineral:

Adrien Dax, Bajo la corteza de las piedras, 1960

Sobre Adrien Dax no tenemos sino la recopilación de sus escritos y un pequeño pero rico catálogo de 2014 que yo anuncié en "Surrealismo internacional". Como acabo de detectar que el pdf a que yo remitía ha desaparecido de internet, voy a escanear el catálogo para su pronta reaparición aquí.

mayo 25, 2022

Actualidad de Lou Dubois

Collage de Lou Dubois

Lou Dubois prosigue con su incansable actividad artística. Un poco le habíamos perdido la pista estos dos o tres últimos años, pero ya nos hemos puesto al día. Algunos collages suyos recientes pueden  ser vistos, fotografiados por Claude Burillon, en la página de Le Garage (Ramatuelle), donde expuso en octubre de 2022. En mayo de 2021 lo hizo en Les Yeux Fertiles, con "cajas misteriosas"; en junio en L'Oeil Hèliotrope de Arlés con "inencontrables y otros objetos inclasificables" y en Saint Cirq-Lapopie con "L'humour fou", que sí anuncié yo aquí; y en febrero de 2022 de nuevo en Les Yeux Fertiles con cuatro piezas eróticas que participaban en la colectiva erótica "Emprise des sens". Más collages ha expuesto, muy recientemente, en El Cairo y con Vénus d'Ailleurs, también registrada aquí hace muy poco. Seguirán otra exposición este verano en el sur de Francia y en diciembre una más en su feudo de Les Yeux Fertiles.

Los collages de Lou Dubois maravillan desde hace un par de décadas. Siempre sorprendentes y de una jovialidad impertérrita, están llenos de claves y de retruécanos que a veces pueden escaparse al no francófono, pero que no obstan al placer visual ni al vuelo imaginativo.

En una entrada próxima nos ocuparemos de un flamante folleto de Sarane Alexandrian (a quien Lou Dubois estuvo estrechamente unido en la aventura de Supérieur Inconnu), ilustrado con collages suyos.

mayo 23, 2022

"Soapbox", 203-206

Muchas novedades y preciosas lecturas en el último trío de Soapbox.

Jacques Le Maréchal, Karabelgosoum, 1952

mayo 22, 2022

Paul Paun: quimeras

Paul Paun, Retrato de Reni Paun
como mujer insecto
, años 40

Esta exposición próxima de Paul Paon (o Paun) cuenta con un espectacular "dosier de presentación". El acontecimiento merece una próxima entrega nuestra con más material de esta excepcional figura del surrealismo rumano.

quimeras de paul paun

mayo 21, 2022

Antonella Gandini

Antonella Gandini, serie Otras naturalezas, 2018

En el número 3 de A Phala, Sergio Lima daba entrada a  unas anamorfosis de Antonella Gandini, incluyendo una entrevista en que la artista reflexionaba sobre el erotismo, el diálogo entre la pintura y la fotografía y la anamorfosis como "hipótesis del paisaje":


Posteriormente, volvimos sobre Antonella Gandini a propósito de un trabajo con Renzo Margonari y de su colaboración en el número que Peculiar Mormyrid dedicó a los viajes. Ahora, una exposición que se prolonga hasta el 30 de junio ha generado un magnífico catálogo con muchas reproducciones y una selección de iluminadores textos sobre su producción, entre los cuales destaca, como era predecible, el de Renzo Margonari, quien ha permanecido muy atento a su trayectoria. El artista de Mantua señala la cercanía a ciertos procedimientos del surrealismo y el carácter no ecléctico sino versátil de la posición de Antonella Gandini, pero mejor lo reproduzco tal y como aparece en el catálogo:


La propia artista habla de su "vena surreal, meditativa y órfica", lo cual no puede contradecirse, en esa comunicación muy original que entablan la pintura, el dibujo y la fotografía, pero también el collage y el cine.

Esta imagen con que cierro esta nota la seleccioné un par de días antes de recibir la foto de Antonin Artaud objeto de nuestra última entrada:

Antonella Gandini, serie A propósito de la apariencia, 2019

mayo 19, 2022

Artaud, Brauner, Luca

Otras dos rarezas que se subastan en París el próximo 9 de junio:


mayo 17, 2022

El equipo fantasma de 1713

El 9 de junio se subasta en París este auténtica maravilla de André Breton, totalmente desconocida:

mayo 15, 2022

"Dreamdew" , n. 30

Acaba de publicarse el número treinta de Dreamdew. Toda la colección ha ido apareciendo en "Surrealismo internacional", pero ahora está disponible sin necesidad de mayores búsquedas en la página de Peculiar Mormyrid:

todo dreamdew




mayo 12, 2022

El estudio capital sobre René Alleau

David Nadeau nos da la feliz noticia de aparición de un importantísimo libro sobre René Alleau, que ya tendré ocasión de comentar aquí. Las palabras que nos hace llegar merecen transcribirse en su integridad:

Le livre de Gilles Bucherie qui vient de paraître est aussi dense et riche que l’est l’écriture de René Alleau elle-même, dont il saisit avec une acuité étonnante plusieurs des principaux enjeux complexes et subtils, notamment le décryptement à plusieurs niveaux des textes hermétiques, l’Histoire comme processus alchimique, l'ésotérisme de la stratégie éditoriale. En ce sens, ce livre répond à merveille à mon Arche utopique, l’auteur ayant eu accès à de nombreux et rares éléments de documentation qui m’avaient échappé : le programme des conférences et planches de la loge Thébah pour l’année 1963-1964, l’article certainement essentiel « Notes sur la poésie et l'initiation » (1971) et les notes inédites d’Alleau (incluant celles pour le projet de texte rétrospectif « Les mémoires d’un chasseur d’énigmes »). Aussi, j’ai cru comprendre que René Alleau avait eu une production poétique, elle aussi inédite.

L’ouvrage apporte des informations importantes et tout à fait méconnues au sujet des liens entre le surréalisme parisien et l'ésotérisme, comme le projet d'un Cercle de la Rose du Livre qui aurait réuni Canseliet, Alleau et Breton (un certain Cédric Mannu en parlerait dans La Table D'Émeraude), ceux d’un Institut des Sciences Traditionnelles par Hunwald et d’un Centre international de sciences humaines par Alleau.

J’ai enfin découvert grâce à ce livre les circonstances de l’initiation alchimique d’Alleau en 1945 par Eugène Canseliet; d’abord transmise par lettres puis lors de rencontres en 1952-1953. Je me posais depuis longtemps cette question. Gilles Bucherie a par ailleurs tout à fait raison de relever les imbrications des textes de Canseliet et Alleau et ce travail pourrait être poursuivi. Par contre, j’aurais aimé en apprendre davantage sur la rencontre d'Alleau avec le surréalisme, et avec Antonin Artaud en particulier (en 1936)…

Comme j’aurais aimé avoir pris connaissance, à l’époque de la rédaction de L’Arche utopique, de l'interprétation symbolique du Saint-Empire par Henri Hunwald et des circonstances de l'initiation de Jean Palou à Thébah! Ce sont des points essentiels.

Une piste intéressante pour étudier le travail de peintre paysagiste d'Alleau, fort méconnu, est soulevée par Gilles Bucherie; celle de la nécessité de l’effacement de l’observateur.

Bref : tout travail futur sur l’œuvre de René Alleau devra partir de là!

mayo 08, 2022

Bernard Roger, de 1950 a 2022

Para quienes estamos ya en la época del declive físico, no hay mejor noticia que esta: Bernard Roger acaba de publicar un libro (y un gran libro)... a los 98 años.

Se trata de Les demeures de l’invisible, dedicado a las relaciones entre la arquitectura y la alquimia, con parada final en Gaudí y los surrealistas. Un libro sobre el que volveremos aquí dentro de un par de meses (aún no ha comenzado a distribuirse, por lo que sabemos).

Es una buena oportunidad para recordar la trayectoria de Bernard Roger, otra de las tan magníficas como poco conocidas figuras del surrealismo en torno a André Breton.

Nuestro dosier se compone de los siguientes elementos:

1. Cartel interpretado, realizado con René-Guy Doumayrou, otro arquitecto del surrealismo que ha desarrollado una obra muy notable. Lo acompaño del comentario de José Pierre en el segundo volumen de su obra sobre los "tracts" del grupo surrealista de París, ya que, además, el propio Bernard Roger habla de esta actividad de subversión, llevada a cabo en 1950

2. El maravilloso bosquejo para la instalación de una sala de cine en el fondo del lago Pavin, publicado en el n. 4-5 de L'Âge du Cinéma (1951). Por cortesía de Georges Sebbag, lo precedo de la página de cabecera con las firmas de los participantes en el número (que podía ser reproducido, traducido y adaptado solo en la Tierra del Fuego) y recortes de películas pertenecientes a este ejemplar.

3. Las tres brevísimas y deliciosas noticias en la hoja Médium (números 2, 3 y 7, 1952). Hoy más que nunca es necesaria una invasión de plagas en todos los parlamentos y ayuntamientos del planeta, empezando por los de Europa, Australia y Canadá. Magníficas las dianas de Bernard Roger: la política, la religión y el maquinismo.

4. Otra pieza maestra, en el catálogo de la exposición EROS (1959-1960): las "Indicaciones concernientes a los trabajos de conversión de Notre-Dame de París en palacio de Amor". (Cuando visité este lugar, hace más de treinta años, me limité a subir a lo más alto; una de las cosas más interesantes es que podías derramar saliva sobre quienes estaban asistiendo a misa.)

5. Colaboraciones en L'Archibras, números 2, 6 y 7 (1967, 1968 y1969). Señálese que Bernard Roger estuvo muy cerca del gran René Alleau, recibiendo una solidísima formación en las cuestiones a que se va a consagrar cada vez más y trabajando en la reedición de obras antiguas del hermetismo como traductor y como prologuista.

6. Texto del catálogo de la exposición de Jorge Camacho "Le ton haut", 1969. Lo reproduje hace poco en su totalidad (le ton haut).

7. Su respuesta, muy fina, a la encuesta interna realizada en 1970 por Vincent Bounoure sobre la continuidad o no del surrealismo, "Rien ou quoi?". Esta encuesta se ha convertido en una verdadera rareza, ya que la tirada que se hizo fue de 75 ejemplares; tengo fotocopias gracias al envío que me hizo hace no muchos años mi amigo Sergio Lima.

8. Única colaboración en el Bulletin de Liaison du Surréalisme, n. 4, 1971.

9. Portadas de los libros Paris et la alchimie (1981, libro extraordinario, fundamental sobre la materia, con fotos de Jorge Camacho), À la découverte de l'alchimie (1988), Arcanes de la philosophie naturelle de Jorge Camacho (1998, con prólogo suyo, que también reproduzco), La cathédrale de Séville et le bestiaire hermétique (2001, con Camacho) y por último Initiation et contes de fées (2013).

10. En el n. 1 de L'Or aux 13 Îles, enero de 2011, la impecable puesta en su sitio de una triste biografía novelada de Nadja. En colaboración con sus amigos Jorge Camacho y Alain Gruger.

Bernard Roger participó en el juego de "Ouvrez-vous?", cuyas respuestas aparecieron en el número inaugural de la revista Médium, en noviembre de 1953. Entre otros, dice que abriría la puerta a Jean-Jacques Rousseau ("amistosamente"), a Seurat ("maravillándome"), a Henri Rousseau ("apretándole las manos"), a Nerval ("para que se quede las horas que quiera"), a Goya ("con admiración"), a Fourier ("ofreciéndole mi casa"), a Fulcanelli ("para ver su rostro") y a Freud ("con interés"). Algunas negativas: a Verlaine ("con indignación"), a Marx ("no, disculpándome"), a Huysmans ("por deferencia hacia las damas"), a Víctor Hugo ("demasiado ruidoso"), a Chauteaubriand ("no tengo problemas para dormir"), a Balzac ("falta de interés") y a Cézanne ("no quiero perder el tiempo").

mayo 03, 2022

Ann Radcliffe y el surrealismo

En 1937 publicaba André Breton, en La Nouvelle Revue Française, "Límites no-fronteras del surrealismo", donde abordaba el fenómeno de la novela gótica. Tras referirse a la obra fundacional, El castillo de Otranto (1764), y a la siguiente, El viejo barón inglés, de Clara Reeve (177), se ocupa de Ann Radcliffe, cuya primera novela gótica, Los castillos de Athlin y Dunbayne, es ya de 1789.

Ann Radcliffe había sido designada por Isidore Ducasse como "el Espectro Chiflado", y Breton, en la lista complementaria de 1932 a la del primer manifiesto, escribía de ella que era "surrealista en el paisaje", tan presente, por cierto, en sus novelas como en su diario. En el ensayo citado, Breton avanza destacando el personaje de Schedoni, perteneciente a El italiano, "modelo sobre el que procuró componerse el personaje de Byron", y "las hermosas muchachas diáfanas que pasan por las umbrías pobladas de pájaros" de La novela del bosque. Sobre Schedoni volvería Annie Le Brun en Les châteaux de la subversion, señalando como este personaje criminal era situado por Ann Radcliffe, en consonancia con los vientos revolucionarios, en la soledad conventual, o sea en plena sede del horror religioso.

Ya en "Situación de Melmoth" (1954), Breton apunta las debilidades de la citada novela de Clara Reeve y de otras, incluidas las primeras de Ann Radcliffe (sentido común, racionalismo, realismo, o sea lejanía de las patadas que al rigor histórico y psicológico le había dado la novela walpoliana). Donde esta se supera es en La novela del bosque, que es de 1791, o sea el año de Justine. Y es que "la carga de un proyectil de largo alcance como Otranto permanecía suspendida, destinada a no percutir sino más lejos y en la historia". Las dos obras más representativas de la Radcliffe, Los misterios del castillo de Udolfo y El italiano, son de 1794 y 1797 respectivamente, quedando en medio, 1796, la obra maestra del género, El monje de Lewis, que es sin discusión muy superior, siendo las otras, a juicio de Breton, "de penosa lectura", al ser su autora "incapaz de todo verdadero vuelo de altura".

Sin embargo, con un poco de desocupación, estas novelas no dejan de ser entretenidas y divertidas. Y sobre todo fueron enormemente influyentes. Una lista incompleta de los influjos de su autora enumera nada menos que a Jane Austen, Walter Scott, Wordsworth, Coleridge, Shelley, Keats, Poe, Byron obviamente, Dickens, Wilkie Collins, las hermanas Bronté, la Rebeca de Daphne du Maurier con su secuela fílmica y hasta Gombrowicz (Possessed, su curioso pastiche de novelas góticas, de 1939).

En 1936, o sea un año antes del ensayo de Breton, los tres principales surrealistas de Hainaut, Fernand Dumont, Achile Chavée y André Lorent, realizaban una narración colectiva titulada Les Mystères du Drapeau Blanc, "sin otro medio que el desencadenamiento de las imaginaciones que, en esa época, se dejaban a gusto guiar por las obsesiones más inesperadas" (Lorent). La iniciaba Dumont y la continuaban Lorent y Chavée, suspendiéndose cuando la retomaba Dumont no por cansancio, sino para que la continuara el lector. En ese momento, los personajes acaban de llegar a una enorme pieza oval donde se han encontrado con un hombre (¿o un genio?) que, sentado en el centro de la sala, lee "un ejemplar único de Los misterios del castillo de Udolfo escrito a mano sobre piel de muchacha". El personaje se identifica en el último párrafo como "EL EMBAJADOR DE LO MARAVILLOSO".

Pero además hay dos imágenes del surrealismo, y excepcionales, directamente asociadas a Ann Radcliffe. La primera es de Dorothea Tanning, gran lectora juvenil de novelas góticas (y de Poe, Coleridge, las hermanas Brontë). Es su pintura A Mrs. Radcliffe Called Today, de 1945:


Se trata de un maravilloso homenaje a las novelas de Ann Radcliffe, y al género en general (El castillo de Otranto era uno de sus libros favoritos), con el título delineado debajo de las columnas, la arquitectura medieval en belleza y esa fantasmal mujer en llamas que evoca los terrores de tantas figuras femeninas de la novela gótica. Patrick Waldberg, en el bello ensayo sobre Dorothea incluido en Les demeures d'Hypnos ("Dorothea, la memoria embrujada"), señala la importancia de las lecturas góticas en la formación de la artista y comenta este cuadro donde "nos vemos de repente transportados a los palacios sonámbulos y los bosques diáfanos de Los misterios de Udolfo".


En 1959, René Magritte pinta El castillo de los Pirineos, uno de sus muchos cuadros inolvidables con solo haberlo visto una vez. Esta pintura tiene para él "el carácter de una aparición, que hubiera gustado a Ann Radcliffe". El castillo de los Pirineos, cuya "atmósfera" entusiasmaba a este viejo admirador de Fantomas, era una de sus lecturas favoritas en el terreno romántico, junto a Nerval y Gaspar de la noche. En una de sus cartas a Harry Torczyner, le escribía, el 27 de abril de aquel año: "El castillo de los Pirineos de Radcliffe es una novela negra romántica con el encanto y los defectos de una escuela literaria no exenta de desaliño. Es posible que su lectura le decepcione, pero le encantará la atmósfera que evoca. El cuadro, por su parte, no está exento de rigor, e incluso de dureza. Por eso he sacrificado la banderita sobre una torre y los árboles. El cielo, las nubes, el castillo sobre la piedra por encima de una mar agitada, subsisten necesariamente".

Poco importa que El castillo de los Pirineos no sea una obra de Ann Radcliffe, sino de Catherine Cuthbertstone. En efecto, publicada en 1804 en Inglaterra, sería traducida al francés pocos años después con el nombre de Ann Radcliffe, y así la conoció Magritte. 

Cerramos esta nota sobre Ann Radcliffe y el surrealismo, que continúa a las dedicadas al comienzo de "Surrealismo internacional" a Thomas de Quincey y Carolina de Günderrode, con este más que apropiado collage de otro amante del surrealismo frenético:

Max Bucaille, Roman noir, 1939

Los Misterios de la Bandera Blanca


Esta joyita de los surrealistas de Henao a que me refiero en el artículo sobre Ann Radcliffe y el surrealismo merece ser más conocida y merece también ser continuada, en el momento en que aparece el Embajador de lo Maravilloso:

mystères

mayo 01, 2022

Denise Bellon: "Le souvenir d'un avenir"

El Barbarroja del celuloide acaba de subir a su bajel tres películas de Jan Svankmajer y este valiosísimo mediometraje sobre la adorable Denise Bellon, amiga de tantos años de André Breton y fotógrafa clave de las grandes exposiciones del movimiento surrealista:

denise bellon chris marker

Lo que aprovecho para recordar arriba el libro fundamental sobre ella y para reproducir dos de sus espléndidas fotografías de surrealistas: la de Yves Tanguy en su estudio pintando La oreja del sordo en 1938, y la de Nicole Espagnol y Alain Joubert, de quienes hace poco hablábamos, en el desierto de Retz en 1960.


Jean-Pierre Lassalle: "Le Grand Patagon", "Brusquement les oiseaux"

En 2000, publicaba Jean-Pierre Lassalle Poèmes presques suivis de La Grande Climatérique, donde junto al último título, que designaba el año 2000, reunía una selección de sus cuadernos anteriores, ya por entonces agotados. El primer título aludía no solo a que los poemas nunca alcanzan la perfección aunque a ella aspiren, sino también a la palabra latina "priscus": antiguo.

Para completar entregas anteriores sobre Lassalle, hoy presentamos completos Le Grand Patagon (1962) Brusquement les oiseaux (1968). Y es que el mundo poético de Jean-Pierre Lassalle gana conocido en su totalidad.

Página de Agalmata

Robert Desnos: "Fantômas vient!"


Artículo en La Vie Moderne, 18 de marzo de 1923:


Fragmento del artículo "Imagerie moderne", en el número 7 de Documents, diciembre de 1929:

"L'Écart fantastique"

En Les Yeux Fertiles, con presentación de libros de Bernard Roger y David Nadeau:




1 de mayo de 2022

Algo más sobre el acelerado proceso de esclavización y podredumbre de las sociedades occidentales, iniciado en marzo de 2020:

actualización mayo



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Quien nos escribe a cada momento es nuestro amigo Alphonse Dumont. Nos cuenta que estuvo con el grupo que en Cergy-Pontoise, primer encuentro de Macarrón con sus apoyantes después de ganar las elecciones, le arrojó tomates. "La puntería no fue mucha, cagüendiós, pero al tipejo tuvieron que esconderle la cabeza. Yo prefiero los huevos, y espero estallárselos a Sapo Schwab y a esa putilla vieja de Leyden, cuando vengan a París. Aunque, cagüendiós, mi sueño es reventarle una tarta en la jeta a ese sac à merdre de Papaclown, aunque los tomates podridos también le quedarían bonitos en la sotana blanca, piojoso cabrón, cornegidouille, jambedieu! Aquí, cagüendiós, estes compatriotas míos eligieron entre un macarra y una macarra, así está Francia, el país de la revolution, caduco. ¡Mil rayos lo partan, maldition!".

Menos mal que Mr. Dumont no se mueve en las llamadas redes sociales, ya que ya le habrían cerrado todas las cuentas. ¡Qué vocabulario, y eso que no lo ponemos todo!

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Hoy es el gran día de la clase trabajadora, tan aguerrida y abnegadamente defendida por sus incansables sindicalistas, cuando no están haciendo la digestión de las gambas y los langostinos:



Es un día doblemente edificante, ya que también nos hace pensar en nuestra "maman":

abril 30, 2022

abril 24, 2022

Alain Joubert y Toyen

Toyen, El tablero de ajedrez, 1963

En la primavera de 2015, la revista L'Échaudée, donde era habitual la firma de Alain Joubert, publicaba unas preciosas notas suyas sobre Toyen tituladas "Toyen, petits faits et gestes d'une très grande dame", que yo noticié en "Surrealismo internacional". Esas páginas han sido convertidas por Ab irato en un verdadero libro de bolsillo.

La pintura de Toyen que acompañaba el artículo de L'Échaudée, perteneciente a Joubert y su mujer, aparece dividida en la cubierta del libro, por lo que la doy aquí completa. Y no hago ahora comentarios al escrito de Joubert, porque ya están hechos en la reseña de 2015. Sí que conviene apuntar que Toyen ha sobrevivido hasta fechas muy recientes al parasitismo del feminismo antisurrealista, pero ya no, o cada vez menos. Con motivo de la exposición parisina, circula un documental en el que, pese a la intervención de Jean-Claude Silbermann o Dominique Flandre, nos encontramos a la directora aplicándole la cartilla feminista y ya al final de todo a un deplorable por no decir idiota "commisaire-priseur", cuando pensábamos que al menos le darían un par de minutos la palabra a Annie Le Brun (quien por suerte se ha encargado de la referida retrospectiva). Se hace hincapié en el triste final de Toyen indicando que ya nadie iba ni a verla: ¿ni siquiera Annie Le Brun o Georges Goldfayn? Yo no me lo creo.

Por suerte, la colección Phares le dedicó, también en 2015, un bello número, con dirección idónea de Dominique y Julien Ferrandou, que nos resarce de este reportaje de ahora. Y por cierto que en él intervenían Alain Joubert, Georges Goldfayn y Annie Le Brun. Esta desigual colección de Phares al menos ha salido airosa del retrato que nos deja de las tres figuras más grandes del surrealismo: Breton, Péret y Toyen.

Exposición de Praga, en 1945

Alain Joubert y las cajas negras

Alain Joubert, por Nicole Espagnol

Tras un par de años sin pasarme a ver el buzón de mi antiguo local de trabajo (ya que había dejado de esperar nada en él), me encuentro con un paquete remitido por Alain Joubert en enero de 2021, o sea dos meses antes de morir a los 85 años (de viejas dolencias, pero como le hicieron la aberrante "pcr" y dio positivo, en seguida se apresuraron a decir los canallas y los incautos -¿hasta cuándo van a seguir siéndolo?- que había muerto "de cóvid", todo ello si es que, como resulta aun más probable, no lo ejecutó el fascismo político-sanitario aplicándole sus siniestros "protocolos").

Este correo de ultratumba contenía la preciosa colección poética de L'Autre côté des nuages y las Chroniques de La Boîte noire. El primero de estos libros yo lo pedí y reseñé en "Surrealismo internacional"; en cambio, poco proclive a las novelas negras (exceptuadas las de Chandler, que me debo haber leído unas siete veces, y por supuesto las de Léo Malet), no llegué a encargar el segundo de estos libros, temeroso de que fueran meras reseñas de novelas francesas desconocidas. Craso error, ya que lo que hace Joubert es tomar diferentes novelas (francesas o traducidas) e irse por los cerros de Úbeda, o si se prefiere por los más variados caminos de la poesía, el humor, la fantasía y el desafío, sin que tenga la mínima importancia para el lector conocer o no esas novelas. Se trata pues de un libro Joubert cien por cien, con su estilo y desparpajo inimitables, a partir de la ingeniosa idea de que cada uno de estas novelas que lo incitan tiene su "caja negra", reveladora.

Son crónicas aparecidas en La Quinzaine Littéraire entre los años 2002 y 2004. Joubert nos descubre que se aficionó a esta forma literaria desde casi niño, para lo que fue decisiva la célebre Série noire del viejo surrealista Marcel Duhamel (fundada en 1945), aunque sin olvidar la saga de Fantomas y al citado Malet; sumados luego un Boris Vian o un Manchette, se consiguió así, a su juicio, dar un nuevo vigor al exangüe género novelístico.

Estas son páginas que se leen de un tirón, escritas con ese tono conversacional, esa vivacidad, ese dinamismo y esa versatilidad tan suyos y tan llenos de frescura que se van a echar muy en falta en años venideros, por no decir que se echan en falta ya, puesto que las intervenciones de Joubert eran asaz frecuentes.

Polemista nato, Joubert salpica sus crónicas de puntualizaciones por lo general certeras: al arte pop, al "body art", al situacionismo y al caduco Vaneigem, a los intentos de "institucionalización" del surrealismo, a la "escritura femenina" o "feminista" ("¡qué horror!", identificándose en la cuestión con Annie Le Brun), al "trabajo sobre el lenguaje" ("¡qué horrible fórmula!"; y yo recordaría al poeta neorrealista Carlos de Oliveira, que se hizo una antología titulada Trabalho poético, pero aquí me cuesta no citar a Joubert por extenso: "Están persuadidos, estos desdichados, de que el trabajo sobre el lenguaje (¡qué horrible fórmula!) conduce derecho a la poesía, y no se dan cuenta de que es la libertad del lenguaje lo que les ofrece su lecho. Se afanan cuando hay que ser aéreo, se toman en serio cuando hay que abrirse a la fantasía (incluso grave), se aferran desesperadamente a lo que llaman lo real cuando se trata de añadir una dimensión al universo interior. Se los escucha religiosamente, lo que es muy mala señal. Pasemos de largo. Hay como un olor a moho"). Hay al final del libro incluso una crónica demoledora, titulada "Castrorama", en que ajusta cuentas definitivas al terrorífico régimen cubano, cuyas primeras infamias no dejó en su tiempo pasar la compañera de Joubert, Nicole Espagnol; son páginas perfectas, que siempre serán necesarias, cuando algunos surrealistas o cercanos al surrealismo han sido y siguen siendo complacientes con dicho régimen (y Joubert no deja de nombrar al sobrevalorado Dionys Mascolo).

Aflora también aquí y allí el Joubert cinéfilo, que capta de inmediato la autenticidad y valía del cine de un Kaurismaki o un Svankmajer. Y hay apuntes muy finos sobre Duchamp, Mayoux, la irreductibilidad bretoniana o el género musical, señalándose una vez más desde posturas surrealistas las limitaciones de la música instrumental, pero a la vez mostrando simpatía hacia el gran Jack Teagarden en contraste con la hostilidad hacia el misticismo ridículo de un titán del jazz como Coltrane.

El libro se enriquece maravillosamente con 17 "imágenes-ecos" de Nicole Espagnol, a cuya incisiva mirada fotográfica nos hemos referido en otras ocasiones.

Dedicándome su libro "con una mirada cómplice", y cerrando su carta con un "Amistosamente y en toda complicidad", Alain Joubert volvía a valerse de la palabra favorita con que ha designado nuestra breve relación, que tanto me ha honrado pero que, por un despiste suyo al no anotar mi nueva dirección, se vio al final truncada. Algunas ideas como la del "Gran surrealismo" o la fascinación por la mecánica cuántica, yo no las compartía, pero eran pecata minuta, y en efecto lo que predominaba era una complicidad en todo lo esencial, a partir de su revuelta contra el entierro del surrealismo en 1969 pero consolidada por sus acuciantes intervenciones de todo orden, siempre fiel a las propuestas y posturas más genuinas del surrealismo.

Foto de Nicole Espagnol

Anne Éthuin, 1980

Este pequeño catálogo de collages de Anne Éthuin cuenta con un característico ensayo de Gérard Legrand:







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Por lapsus, el pdf del número homenaje a Anne Éthuin de la revista canadiense La Tortue-Lièvre repetía la página 15 en el lugar de la 9. Ya este error ha sido subsanado.