abril 15, 2022

Jean-Pierre Lassalle: "Diramant", "Retour de Rodez"

Pocas figuras he conocido en el surrealismo tan nobles, cordiales y generosas como Jean-Pierre Lassalle. Creador de un lenguaje propio riguroso y exigente, y con un imaginario lleno de obsesiones poéticas sorprendentes, Lassalle ha sido también un ensayista de envergadura, a quien debemos multitud de notas y reseñas que esperamos sean recopiladas algún día. Su fidelidad al surrealismo lo ha llevado a a manifestar una curiosidad insaciable hasta por sus últimas expresiones, lo cual es bastante raro entre surrealistas de su generación y aun posteriores. Al salir la primera edición de Caleidoscopio surrealista, en seguida la obtuvo y hasta le dedicó una reseña encomiástica, pese a que el artículo que yo le consagraba dejaba bastante que desear (de hecho fue uno de los más alterados en la segunda edición, y por eso hoy transcribo esa segunda versión).

Como homenaje al signo incandescente de Jean-Pierre Lassalle, presento dos de sus libros en la edición original: Retour de Rodez, de 1964 (aunque escrito en 1957-1958), y Diramant, recopilación de 1969 con textos extraordinarios como en particular "Le passage des Andes". Uno de ellos es casi imposible ya de conseguir, y del otro se ofrecen pocos y caros ejemplares. 

Nuevamente, como en el caso de Robert Guyon, parece que me siento fraternalmente cronometrado con el brasileño Natan Schäfer, ya que por estos días acaba de publicar otro de sus brillantes e incitantes ensayos, traduciendo y presentando un artículo interesantísimo de Lassalle sobre surrealismo y budismo zen, en que reproduce una carta de Guy Cabanel no menos importante. Este artículo apareció en 2006 en los Cahiers d'Occitanie, donde eran habituales sus colaboraciones, firmadas con fabulosos nombres esotéricos.

Además de los enlaces a los artículos más destacados que he dedicado a Jean-Pierre Lassalle en "Surrealismo internacional", reproduzco  su respuesta a la encuesta sobre el sueño, el lenguaje y la imagen (Écoutons voir, Éditions Surréalistes, 2003, suplemento al número 4 de la revista del Grupo de París del Movimiento Surrealista S.U.RR...), donde Lassalle da algunas claves de su propia poesía, así como su breve reseña de los extraordinarios cuadros que el malogrado artista catalán David Martí dedicó a Los cantos de Maldoror, con una fascinación hacia estas obra seminal solo comparable a la que tuvo antes que él Armand Simon.

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David Martí, Rino-Perro de Maldoror

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Jean-Pierre Lassalle (1937). En 1959, Jean-Pierre Lassalle le escribe una carta a André Breton, donde va más allá de los Grandes Transparentes, y que Breton le publica en el n. 9 de Bief. En el número siguiente aparece un artículo contra “el mito monetario”. En 1960, se lo ve en las fotos de la visita al desierto de Retz y firma un par de documentos del grupo. En 1962 publica Le Grand Patagon, en 1963 el artaudiano Retour de Rodez, en 1968 Brusquement les oiseaux, en 1969 Diramant y en 1971 Enfin Lepante, todos ellos luego en Poèmes presques suivis de La Grande Climatérique, un delicioso volumen aparecido ya en 2000. Pocos años antes Lassalle había reaparecido con fuerza en la recopilación poética La fuite écarlate (1998) y en el n. 14 de Supérieur Inconnu (1999). No menos delicioso que el libro de 2000 resultó, al año siguiente, L’écart issolud suivi d’Agalmata, compuesto en su segunda parte de poemas gráficos, collages, dibujos y postales desviadas de fines de los años 50, que Lassalle había descubierto por azar en 1995, y de un soberbio manifiesto con la idea de crear una orden de caballería poética en que esplenden las figuras de Ducasse, Jarry, Roussel, Artaud, Breton y, por supuesto, el Gran Patagón. Aun posteriormente (2007) aparecerían los poemas de Les petites Seymour, incluido el excepcional “Teoría”.

Personalidad, además de generosa, culta e inteligente, y de insaciable curiosidad, Jean-Pierre Lassalle es un excelente crítico, como demuestran sus artículos sobre las relaciones de Breton y el surrealismo con la masonería (así, en el n. 1 de Histoires littéraires) y en general el pensamiento esotérico (así, “Forja y alquimia, o la historia de una paradoja”, en La forge et le forgeron, 2003), o el ensayo de 1976 Ubu et quelques mots jarryques, bello estudio de 26 palabras de Jarry, en que recurre a textos y grabados alquímicos, figuraciones heráldicas, imágenes del tarot, la cábala fonética, los libros de Rabelais o los tartarines de Daudet.

A Jean-Pierre Lassalle debemos muy bellos recuerdos del grupo surrealista (como los de la entrevista en Mange Monde, n. 3, 2012, o los incluidos en La bibliothèque de Marcel Duchamp, peut-être, de Marc Décimo, 2002) y finas reseñas de libros de y sobre el surrealismo en los Cahiers d’Occitanie, donde Ariel-Pelléas Serain, Jean-Pierre Crystal y A. Crystallo son nombres esotéricos suyos, el cristal sin duda correspondiéndose con la diáfana nobleza de su talante.

Siempre cercano al surrealismo, incluso en sus últimas singladuras, no sorprende encontrar a Jean-Pierre Lassalle en la encuesta de la revista S.u.rr… sobre el sueño, el lenguaje y la imagen (2003), y, como poeta, en el n. 8 de la cuarta serie de Brumes Blondes (verano de 2010).

Como dijo André Breton, Jean-Pierre Lassalle “sabe acariciar el pájaro en la piedra”.


NOTA: Debe añadirse a esta entrada de CS que en 2018 se publicó en Le Grand Tamanoir la amplia antología Le Grand Patagon et autres poèmes, con bellos dibujos de Christian d'Orgeix.